Church of Euthanasia

The One Commandment:
"Thou shalt not procreate"

The Four Pillars:
suicide · abortion
cannibalism · sodomy

Human Population:
SAVE THE PLANET
KILL YOURSELF



¿Terraformación o extinción?

Publicado por Javier S. Burgos

En su Ensayo sobre el principio de la población Thomas Robert Malthus realizaba el razonamiento de que la población tiende a crecer en progresión geométrica mientras los alimentos solo pueden aumentar en progresión aritmética, por lo que tenemos un problema sostenido en el tiempo a no ser que ocurran desgracias, tales como catástrofes naturales o conflictos bélicos, que al mermar la población nos den un respiro y generen una población con superávit de recursos.

Y parece que estaba en lo cierto. Si Malthus levantara la cabeza ahora mismo le daba un patatús. Ya superamos los siete mil millones de habitantes en esta roca azul de un sistema solar perdido en los confines de la Vía Láctea.

Así que hemos llegado a un punto en el que como raza nos toca ir pensando soluciones más o menos imaginativas al margen de los ajustes catastróficos azarosos. Desde hace un tiempo los astrofísicos están inmersos en la búsqueda de exoplanetas, y aunque están teniendo cierto éxito en su identificación, estos planetas todavía nos quedan a desmano. Como parece poco probable que pronto podamos viajar a una nueva Pandora, los humanos estamos empezando a pensar en otras alternativas más cercanas. En este sentido, incluso científicos de la talla de Stephen Hawking han alertado de que el destino de la raza humana hay que tomárselo muy en serio, ya que si en los próximos cien años no se desarrolla una verdadera carrera espacial con el objetivo de colonizar otros planetas, la humanidad estará condenada a una extinción inminente. Así que como por ahora no podemos llegar a las nuevas exotierras a cientos o miles de años luz, se nos ha ocurrido reformar los planetas próximos para hacerlos habitables por el ser humano. De hecho el astrofísico inglés cree que en cincuenta años estaremos viviendo en la Luna y allá por el 2100 en Marte.

Sin lugar a dudas la terraformación de nuestro vecino rojo rescataría los primitivos sueños derivados de las observaciones del astrónomo italiano Giovanni Schiaparelli. La ensoñación de nuevos exploradores viajando interplanetariamente hacia un nuevo mundo es de lo más sugerente, pero aunque no lo crean existen alternativas todavía más atrevidas y que no deberíamos descartar a las primeras de cambio.

Una de estas ideas novedosas que circula por la red a modo de invitación extravagante, pero de la que ya existen miles de adeptos, es el Movimiento por la Extinción Humana Voluntaria (o VHEMT, en inglés). Este movimiento se fundamenta en «la lenta desaparición de la raza humana a través del cese voluntario de la procreación para permitir a la biosfera terrestre recuperar la salud». Sin investigar mucho más, ya suena absolutamente maravilloso.

Para los que les surjan dudas sobre apuntarse a tan curiosa iniciativa, existe una página web que da respuesta a algunas preguntas de carácter logístico u operativo. Ahí van unas cuantas FAQ (por cierto, resulta tan estremecedor que existan estas preguntas como que se consideren frecuentes):

«¿Están hablando en serio?». Aunque inicialmente pueda parecer una pregunta obvia, está perfectamente aclarada en la web. Pero la respuesta es todavía más críptica, ya que tras afirmar que van completamente en serio además advierten: «somos realmente vehementes». Así que no solo quieren extinguirse, sino que están muy cabreados.

«¿Los voluntarios esperan tener éxito?». Respuesta: «Los voluntarios del VHEMT somos realistas. Sabemos que nosotros no veremos el día en que no haya seres humanos en el planeta». Brillante. De la respuesta se deduce una lógica aplastante: es difícil que los voluntarios de esta curiosa iniciativa sean capaces de ver un planeta en el que ya no haya seres humanos. Esto asumiendo por defecto que los voluntarios sean seres humanos. En fin.

Sigamos con las dudas en la web: «Soy muy inteligente. ¿No debería transmitir mis genes?». Sí, claro, y por eso estás leyendo esta página web.

Llegamos al punto álgido: «¿Debemos dejar de practicar sexo?». Respuesta: «El sexo es la forma como comienza la mayoría de los bebés, pero, ¿es el coito realmente la causa principal de la reproducción humana?». Resulta inquietante no solo la pregunta sino la potencial respuesta… ¿Tal vez el coito no es la causa de la reproducción? ¿Qué diría Woody Allen en esta tesitura?

Y ahora unas aclaraciones más prácticas para los interesados: «¿Cómo me uno al movimiento?». A lo que ellos mismos acertadamente se responden: «Ser un voluntario es un estado mental». Desde luego, no cabe la menor duda.

Una vez aclaradas las preguntas clave para alistarse en tan reductivo proyecto, es conveniente estudiar las modalidades de ingreso: «Voluntarios (convencidos de la necesidad de extinguirnos), Simpatizantes (quienes únicamente están decididos a no tener hijos), e Interesados (aún indecisos, pero deseando conocer más)». Tal vez pueda existir una conexión entre el segundo grupo y los actuales sacerdotes de la Iglesia con afición al celibato. O tal vez no.

Si bien parece ser que aún quedan plazas para los interesados, no podemos augurar mucho futuro en una iniciativa en la que sus mismos fieles se preguntan: «¿No se extinguirá la VHEMT cuando todos sus miembros mueran?», o lo que es lo mismo: la extinción de la extinción. Vamos, que parece que no las tienen todas consigo. Negro destino este de la extinción humana voluntaria.

Si consideramos que esta no es la mejor iniciativa para resolver los problemas del planeta Tierra y de la raza humana, hay otras más o menos atractivas. Parafraseando a Groucho Marx, «si no le gustan estos principios, tengo otros». Así que si este movimiento parece un poco flojo o mojigato, hay alternativas más rockeras como la Iglesia de la Eutanasia. El único mandamiento de la Iglesia es «No Procrearás». Bien, en esto coincide con la anterior. Además, se facilitan también cuatro pilares o principios, como son el suicidio (obvio), el aborto (todavía más obvio), el canibalismo (permitido para los no vegetarianos que quieran seguir comiendo carne) y la sodomía (o cualquier otra práctica sexual no orientada a la procreación). No es por dudar, pero a pesar de su rotundo mensaje, esta iniciativa parece menos profesional que la anterior. De hecho, en los mentideros de internet cuentan que este movimiento está liderado por un illuminati con cierta grandilocuencia al que no hay que hacerle mucho caso. Se trata del travestido Chris Korda, que emulando a la misma Santísima Trinidad (dualidad en este caso), se hace pasar por la hija de sí mismo (Michael Korda en su faceta de padre). Su lema principal es «Salva al planeta, asesínate a ti mismo». Aplicando la lógica matemática, y más concretamente el modus tollens, se deduce que este proyecto no es muy serio. De serlo no tendría ni un seguidor vivo. Aun así, estudiemos la forma de apuntarse. Según se indica: «si usted decide no procrear es miembro ya». Ojito de nuevo con los célibes religiosos voluntarios. Eso sí, si procrea le excomulgan automáticamente. Mano dura para los desviados de un futuro prometedoramente extinto. Y lo mejor, uno hasta puede conseguir que lo eleven a los altares. Para ser santo hay tres pasos: apuntarse a la Iglesia de la Eutanasia, suicidarse y dejar una nota culpando a dicha iglesia de su muerte (esto previamente, claro). Incluso se puede oficializar la pertenencia a tal iglesia, ya que por tan solo diez dólares envían a los feligreses un hermoso certificado a casa. Al cambio sale fenomenal, no llega a los nueve euros.

Pero existen otras opciones alternativas a este tipo de iglesias y al destino de la raza humana. Por lo menos son alternativas más científicas, como es el caso de la terraformación marciana, que a priori suena mejor. Entre las iniciativas más conocidas se encuentra el proyecto Mars One, una especie de Gran Hermano extraterrestre que pretende enviar una colonia de astronautas a Marte para no volver nunca. Los primeros voluntarios, según esta onírica aventura, partirán hacia el planeta rojo en menos de una década, lo que con total seguridad podremos seguir en el mayor reality show de la historia de la humanidad, y que superará los millones de telespectadores (en este caso internautas) que vieron cómo Neil Armstrong ponía el primer pie en la Luna desde el módulo del Apolo XI. Según el promotor de este viaje, el empresario Bas Lansdorp, la colonización se sufragará gracias al espectáculo de los medios de comunicación. Esperemos que el sistema de selección de los participantes diste cuánticamente de su programa referente en este lado del Sistema Solar.

Y, ya puestos a imaginar un futuro prometedor y conjunto para todos estos proyectos, ¿qué pasaría si mientras nuestra colonia marciana florece, aquí en la Tierra triunfan movimientos como la VHEMT o la Iglesia de la Eutanasia? ¿Cabría la posibilidad de que dentro de unas décadas los humanos ya marcianizados pudieran retornar a marteformar la desierta Tierra? ¿Viviríamos una escena al estilo Charlton Heston encontrando la Estatua de la Libertad semihundida en el mítico Planeta de los Simios?

En fin, esperemos que en un futuro no muy lejano las naves interplanetarias cargadas de humanos salgan ahí afuera para conquistar nuevos mundos. Y aunque la estupidez siga estando íntimamente ligada a la especie humana, seguiremos siendo pioneros, exploradores, aventureros y soñadores. Así que, como decía el doctor Brand en Interstellar, «no estamos destinados a salvar el mundo. Estamos destinados a dejarlo».

De lo contrario, el Juicio Final estará a la vuelta de la esquina.

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